Mi mejor momento del viaje a Soria fue el día en que vimos la película El cielo gira, que es poesía hecha película. El cielo gira es un documental que narra cómo vivían los lugareños de Aldeaseñor, un pequeño pueblo de Soria. La directora, Mercedes Álvarez, fue que la última niña que nació en ese pueblo, hace ya más de 40 años. Cuando veía la película me daba cuenta de la soledad de los habitantes de ese lugar, de cómo un día era siempre igual a otro.
Cuando después de ver la película, llegamos a Aldealseñor, sentí que la adrenalina corría entre mis venas ¡Ver ese hermoso lugar no lo consigue todo el mundo! Lo primero que hicimos fue visitar el árbol que estaba delante del Palacio. Cerré los ojos y comencé a tocar y a sentir el árbol, como lo hacía en la película el pintor ciego que intentaba ver el mundo a través de sus manos.
Cuando por fin nos cruzamos con un habitante de Aldeaseñor, noté que se sorprendía mucho al ver a tantos adolescentes juntos en su pueblo. Aunque su cara reflejaba satisfacción e ilusión, me di cuenta en ese momento de que la soledad duele. Pese a que están acostumbrados al aislamiento, esas personas se dan cuenta de que están desconectados de una vida superior. Creo que es digno de admirar que, pese a ello, muchos hombres deseen vivir toda su vida en el pueblo que les vio nacer. Sin embargo al final a mayoría renuncia o pierde la batalla: los problemas familiares o económicos hacen que seguir allí sea casi imposible. Algunas de las personas que salían en El cielo gira partieron y dejaron su pasado en Aldeaseñor. No encontramos al pastor Cirilo, ni a Antonino, el gran protagonista de la película…
Fuimos a comprar chorizo a una fábrica artesanal de embutido que no hace mucho pusieron en el pueblo. Nos comentaron que era el mejor chorizo de Soria y también el más barato, y realmente era verdad. Pero Balbina, la dueña, nos confesó que iban a cerrar la fábrica. Parece que la gente ya no compra como antes, “Las personas se van igual que mi negocio”, nos dijo.
Aún así la vida continúa y ellos, como todos nosotros, aunque EL CIELO YA NO GIRE COMO ANTES, debemos seguir nuestro camino.
Gonzalo Gómez
viatge cultural per terres de Sòria. Primer de Batxillerat. Institut Eugeni d'Ors. Vilafranca del Penedès.
Páginas
Antonio Machado, El Cantar de Mio Cid, Gustavo Adolfo Bécquer, Gerardo Diego, Avelino Hernández, Mercedes Álvarez ...
viernes, 17 de junio de 2011
viernes, 10 de junio de 2011
Salvar el pasado
En este viaje hemos conocido unos paisajes muy diferentes a los de nuestro entorno. Recorriendo centenares de kilómetros por esos hermosos paisajes sorianos, tuvimos la suerte de descubrir la nieve y de disfrutar de increíbles estampas teñidas de blanco que transmitían tranquilidad y paz. Pero también conocimos pueblos (Aldealseñor, Valdegeña, Valdeavellano, Medinaceli…) que estaban a punto de perderse y convertirse sólo en pasado, unos pueblos cuya supervivencia dependía a veces del empeño de algún vecino, con la valentía y el tesón suficiente para darlo todo para dar a conocer su pueblo e intentar salvarlo.
Todos y cada uno de los instantes vividos me hacen pensar en el sentido que tiene la película “El Cielo gira” en que Mercedes Álvarez nos muestra Aldealseñor: vale la pena recuperar todo lo que de alguna forma ha sido y es valioso, vale la pena llenar otra vez de vida esas calles silenciosas que acumulan tantos sentimientos y nos acercan a un pasado, que en definitiva, es la vida.
Andando entre San Polo y San Saturio, visitando y escuchando al director del Instituto Antonio Machado en el aula del poeta, pudimos entender que el pasado se puede recuperar y que nunca debe perderse.
Escuchando a César Sanz, nuestro amigo fotógrafo, descubrí el inmenso amor que un hombre puede tener por su tierra. Este sentimiento lo transmitía con sus palabras y con sus espléndidas fotografías, algunas vínculadas a fragmentos de la poesía Antonio Machado. Algunos de nosotros, los que nos dedicábamos a la parte técnica, intentamos seguir su ejemplo, filmando poemas de Machado y de otros escritores en lugares emblemáticos de esta preciosa tierra.
Ya de regreso a casa, en el desierto de los Monegros -donde todo el paisaje es igual y es el comienzo de la rutina- me di cuenta de que ya iban quedando atrás todos los momentos vividos, pero que pronto tendría la posibilidad de recuperarlos y recrearlos a partir de este diario.
Marc Ferret
Todos y cada uno de los instantes vividos me hacen pensar en el sentido que tiene la película “El Cielo gira” en que Mercedes Álvarez nos muestra Aldealseñor: vale la pena recuperar todo lo que de alguna forma ha sido y es valioso, vale la pena llenar otra vez de vida esas calles silenciosas que acumulan tantos sentimientos y nos acercan a un pasado, que en definitiva, es la vida.
Andando entre San Polo y San Saturio, visitando y escuchando al director del Instituto Antonio Machado en el aula del poeta, pudimos entender que el pasado se puede recuperar y que nunca debe perderse.
Escuchando a César Sanz, nuestro amigo fotógrafo, descubrí el inmenso amor que un hombre puede tener por su tierra. Este sentimiento lo transmitía con sus palabras y con sus espléndidas fotografías, algunas vínculadas a fragmentos de la poesía Antonio Machado. Algunos de nosotros, los que nos dedicábamos a la parte técnica, intentamos seguir su ejemplo, filmando poemas de Machado y de otros escritores en lugares emblemáticos de esta preciosa tierra.
Ya de regreso a casa, en el desierto de los Monegros -donde todo el paisaje es igual y es el comienzo de la rutina- me di cuenta de que ya iban quedando atrás todos los momentos vividos, pero que pronto tendría la posibilidad de recuperarlos y recrearlos a partir de este diario.
Marc Ferret
Sensaciones frías y áridas
El viaje a Soria ha sido para mí muy gratificante: me ha permitido explorar tierras no conocidas y reforzar esa relación tan especial que tenemos entre compañeros y amigos. Me siento contento de haber salido de mi casa, de haber visto el mundo castellano y soriano y de, a unos cuantos quilómetros de mi ciudad, haberme enriquecido con estos lugares y tierras maravillosas y únicas. El viaje me ha dado la oportunidad de desconectar del día a día, de sumergirme y empaparme de esa tierra de sensaciones frías y áridas, a la que tanto fruto le sacaron escritores como Antonio Machado y Avelino Hernández. Y es que Soria es una tierra que empequeñece y conmueve al más alto y fuerte.
De nuestra estancia en Soria quería resaltar la visita a la ermita del Mirón y al mirador de los cuatro vientos. Ante nosotros se desplegaba un paisaje amenazante y silencioso que me sobrecogía. Al ver, desde el mirador, ese tremendo paisaje -tan bello, tan solo, tan seco, tan frío- y fijarme en cada detalle, me sentía cada minuto más y más pequeño. Un fuerte viento seco golpeaba mi cara y, pese a la calma engañosa y benevolente de aquellos montes, sentí que era un paisaje triste. Era un paisaje sin aparente vida animal o humana: ni por los valles, ni por los cielos de aquel entorno bellísimo se percibía el más pequeño movimiento. Me pareció un paisaje enigmático, cuyo silencio ocultaba algo, tal vez una espera.
Eloy Córdoba
De nuestra estancia en Soria quería resaltar la visita a la ermita del Mirón y al mirador de los cuatro vientos. Ante nosotros se desplegaba un paisaje amenazante y silencioso que me sobrecogía. Al ver, desde el mirador, ese tremendo paisaje -tan bello, tan solo, tan seco, tan frío- y fijarme en cada detalle, me sentía cada minuto más y más pequeño. Un fuerte viento seco golpeaba mi cara y, pese a la calma engañosa y benevolente de aquellos montes, sentí que era un paisaje triste. Era un paisaje sin aparente vida animal o humana: ni por los valles, ni por los cielos de aquel entorno bellísimo se percibía el más pequeño movimiento. Me pareció un paisaje enigmático, cuyo silencio ocultaba algo, tal vez una espera.
Eloy Córdoba
jueves, 19 de mayo de 2011
Dos momentos
Dos momentos en mi memoria. Sólo dos, escogidos de entre los muchos que este viaje me dejó, por lo que de singular tienen.
El primero, mirando estrellas, aderezadas de cuentos mitológicos, de una mitología de tierras lejanas, pero no por ello extraña, sino cálida y cercana.
El segundo tiene dos partes: la primera, poder ver la magnífica película El cielo gira; la segunda, visitar al bueno de Antonino, toda una lección de vida poder oir las palabras de uno de los protagonistas de esta bellísima película.
El primero, mirando estrellas, aderezadas de cuentos mitológicos, de una mitología de tierras lejanas, pero no por ello extraña, sino cálida y cercana.
El segundo tiene dos partes: la primera, poder ver la magnífica película El cielo gira; la segunda, visitar al bueno de Antonino, toda una lección de vida poder oir las palabras de uno de los protagonistas de esta bellísima película.
Conchi Hito
lunes, 16 de mayo de 2011
Los colores de Soria
Blanco: blanco del frío y la nieve. Año tras año la nieve deja su impronta en los tejados de las casas abandonadas, que se van hundiendo vencidos por el tiempo. Día tras día nos íbamos familiarizando con estas tristes y bellas postales estampadas de blanco. Grandes iglesias y pueblos con más perros que habitantes.
Verde: verde de la esperanza por la tierra. Soria aún está viva y perdura gracias al empeño tozudo de habitantes como Mercedes Álvarez, César Sanz y Ricardo Hernández. La cineasta inmortalizó el pueblo de Aldealseñor y a sus habitantes en la película El cielo gira. César Sanz es un fotógrafo soriano que ama su tierra y que tuvo la amabilidad de invitarnos al Casino Círculo de la Amistad, para explicarnos qué significaba Soria para él y qué sentido tenía fotografiar los bellos paisajes que Machado había pisado. También recuerdo de ese día la inesperada interpretación de “Cantares” de Eduard Barrobés.
Rojizo: rojizo como la llama de la acogida. En Valdegeña nos esperaba Ricardo, que era el alcalde y el hermano del escritor Avelino Hernández.. Con él nos esperaba también otra grata sorpresa: encontrar nuestros nombres, en un muro de la entrada, bajo el lema “Valdegeña también es mi pueblo. Amablemente, Ricardo nos mostró el pueblo por el que lucha - el museo de herramientas de campo que había juntado, por ejemplo-, pero sobre todo nos mostró su hospitalidad, al abrirnos su casa a las casi veinte personas que de repente la ocupamos e inundamos.
Amarillo anaranjado; amarillo de la amistad, pues el viaje, al menos para mí, no habría sido lo mismo sin mis compañeros, las charlas, las partidas de ajedrez y de damas, los chistes… y el intenso olor a chorizo de dos bolsas demasiado cercanas a mi cama. Recuerdos mínimos y cotidianos que contribuyen a que este viaje sea difícil de olvidar.
Ricard Rahuet
Verde: verde de la esperanza por la tierra. Soria aún está viva y perdura gracias al empeño tozudo de habitantes como Mercedes Álvarez, César Sanz y Ricardo Hernández. La cineasta inmortalizó el pueblo de Aldealseñor y a sus habitantes en la película El cielo gira. César Sanz es un fotógrafo soriano que ama su tierra y que tuvo la amabilidad de invitarnos al Casino Círculo de la Amistad, para explicarnos qué significaba Soria para él y qué sentido tenía fotografiar los bellos paisajes que Machado había pisado. También recuerdo de ese día la inesperada interpretación de “Cantares” de Eduard Barrobés.
Rojizo: rojizo como la llama de la acogida. En Valdegeña nos esperaba Ricardo, que era el alcalde y el hermano del escritor Avelino Hernández.. Con él nos esperaba también otra grata sorpresa: encontrar nuestros nombres, en un muro de la entrada, bajo el lema “Valdegeña también es mi pueblo. Amablemente, Ricardo nos mostró el pueblo por el que lucha - el museo de herramientas de campo que había juntado, por ejemplo-, pero sobre todo nos mostró su hospitalidad, al abrirnos su casa a las casi veinte personas que de repente la ocupamos e inundamos.
Amarillo anaranjado; amarillo de la amistad, pues el viaje, al menos para mí, no habría sido lo mismo sin mis compañeros, las charlas, las partidas de ajedrez y de damas, los chistes… y el intenso olor a chorizo de dos bolsas demasiado cercanas a mi cama. Recuerdos mínimos y cotidianos que contribuyen a que este viaje sea difícil de olvidar.
Ricard Rahuet
viernes, 13 de mayo de 2011
Momentos inolvidables
Cuando cogí un bolígrafo y una hoja, no sabía por dónde empezar. Si por el inicio, por el final o por lo que más me gustó del viaje. Decidí contar de todo un poco.
Comenzaré contando cuando estaba en el bus, tan nerviosa, antes de salir hacia Soria. Estaba muy nerviosa porque ya tenía muchísimas ganas de estar allí. Cada segundo me parecía una eternidad. Eran más de las 7:00 AM y no salíamos. Los profesores dijeron que faltaban dos personas que todavía no habían llegado. Uno, Roger, no podía venir porque estaba enfermo y el otro, Maicol, porque se había quedado dormido. Pero luego, todos felices: ¡viajábamos rumbo a Soria!
Desde la ventanilla del bus miraba el paisaje: los campos verdes, los pueblos pequeños, más allá los cerros cenicientos... Me fijaba sobre todo en los pueblos pequeños y abandonados, en las casas en ruinas, que contagiaban, al verlas tan vacías, una extraña sensación de tristeza... En mi mente me imaginé enseguida esas casas y esos pueblos con gente y eso me hizo recordar aquellos momentos en que mis abuelos vivían también en pueblecitos así. También en Perú la gente deja sus pueblos para irse a las ciudades, o a Estados Unidos, o a Europa, siempre en busca de un mundo mejor, donde haya más oportunidades.
El segundo día recorrimos las tierras de Antonio Machado. Iniciamos nuestra ruta en la Ermita del Mirón y los Cuatro Vientos, uno de los miradores más populares de la ciudad. Desde allí se puede contemplar muy bien “la curva de ballesta que traza el Duero en torno a Soria”, pero lo que más me llamó la atención fue una estatua de hierro que representa la silueta de dos personas: eran las siluetas de Machado y de su amada Leonor. Aquella estatua me encantó, estaba situada en un lugar perfecto y el aire que se respiraba te llenaba de tranquilidad y armonía, aunque también sentías tristeza por la llegada temprana de la muerte (sabíamos la historia de Machado y Leonor) y aquel “milagro de la primavera” que soñó el poeta y nunca llegó. Pero sobre todo sentías la felicidad que vivieron Machado y su amada. Aquel día fue uno de los más hermosos que he vivido. Hacía mucho frío, pero eso no importaba, lo que importaba es que estaba conociendo esos lugares y aprendiendo muchas cosas que no sabía. La historia de amor de Machado y Leonor me encantó. Ese día estuvo lleno de momentos hermosos que nunca olvidaré: el paseo entre San Polo y San Saturio, el aula de Antonio Machado, cuando conocimos a César Sanz en el Casino de la amistad….
El viaje terminaba y todas las experiencias que vivimos, pronto se convertirán en recuerdos, pero serán recuerdos que nunca olvidaré.
Abigail Zegarra
Comenzaré contando cuando estaba en el bus, tan nerviosa, antes de salir hacia Soria. Estaba muy nerviosa porque ya tenía muchísimas ganas de estar allí. Cada segundo me parecía una eternidad. Eran más de las 7:00 AM y no salíamos. Los profesores dijeron que faltaban dos personas que todavía no habían llegado. Uno, Roger, no podía venir porque estaba enfermo y el otro, Maicol, porque se había quedado dormido. Pero luego, todos felices: ¡viajábamos rumbo a Soria!
Desde la ventanilla del bus miraba el paisaje: los campos verdes, los pueblos pequeños, más allá los cerros cenicientos... Me fijaba sobre todo en los pueblos pequeños y abandonados, en las casas en ruinas, que contagiaban, al verlas tan vacías, una extraña sensación de tristeza... En mi mente me imaginé enseguida esas casas y esos pueblos con gente y eso me hizo recordar aquellos momentos en que mis abuelos vivían también en pueblecitos así. También en Perú la gente deja sus pueblos para irse a las ciudades, o a Estados Unidos, o a Europa, siempre en busca de un mundo mejor, donde haya más oportunidades.
El segundo día recorrimos las tierras de Antonio Machado. Iniciamos nuestra ruta en la Ermita del Mirón y los Cuatro Vientos, uno de los miradores más populares de la ciudad. Desde allí se puede contemplar muy bien “la curva de ballesta que traza el Duero en torno a Soria”, pero lo que más me llamó la atención fue una estatua de hierro que representa la silueta de dos personas: eran las siluetas de Machado y de su amada Leonor. Aquella estatua me encantó, estaba situada en un lugar perfecto y el aire que se respiraba te llenaba de tranquilidad y armonía, aunque también sentías tristeza por la llegada temprana de la muerte (sabíamos la historia de Machado y Leonor) y aquel “milagro de la primavera” que soñó el poeta y nunca llegó. Pero sobre todo sentías la felicidad que vivieron Machado y su amada. Aquel día fue uno de los más hermosos que he vivido. Hacía mucho frío, pero eso no importaba, lo que importaba es que estaba conociendo esos lugares y aprendiendo muchas cosas que no sabía. La historia de amor de Machado y Leonor me encantó. Ese día estuvo lleno de momentos hermosos que nunca olvidaré: el paseo entre San Polo y San Saturio, el aula de Antonio Machado, cuando conocimos a César Sanz en el Casino de la amistad….
El viaje terminaba y todas las experiencias que vivimos, pronto se convertirán en recuerdos, pero serán recuerdos que nunca olvidaré.
Abigail Zegarra
jueves, 12 de mayo de 2011
Soria, otro mundo
Hoy ya es el último día. Hemos pasado 3 días rodeados de preciosos paisajes, pueblos antiguos y gente humilde... ¡Ha sido increíble! Sí, creo que la palabra que mejor define este viaje es “increíble” ¡Ha sido un viaje increíble!
Ocho de la mañana. Todos nos levantamos con prisas, corriendo a la ducha para no llegar tarde al desayuno. Muchos están recogiendo la habitación, ordenando la ropa en las maletas, otros aún están luchando contra la poderosa fuerza de abducción que hoy tienen las sábanas (ha sido una noche bastante movidita para algunos). Hoy es el último día y aún nadie se ha dado cuenta de cómo nos despide Soria, nuestra Soria, en este viaje: grandes copos de nieve cubren la tierra como si de una capa fina de seda blanca se tratase. Realmente precioso.
¡A desayunar! ¡Qué hambre tenemos todos después de esta noche larguísima! Aunque muchos, rendidos ante las fuerzas hoy sobrenaturales de nuestras queridas sábanas, renuncian al desayuno. Acabar rápido de preparar la maleta pues... ¡Soria, la ciudad, nos espera! En un principio, tendríamos que haber ido de excursión a la Laguna Negra pero por problemas climatológicos, hoy nos espera un día tranquilo en la ciudad. ¡Qué caras de ángeles tienen todos durmiendo en el autocar! ¡Cualquiera diría que ayer estos angelitos estuvieron dando guerra hasta las tantas de la noche!
¡Pero cómo nieva y qué frío! ¿Un café caliente? Porque no. Nos dirigimos, ya separados (cada uno con sus mejores amigos), en busca de un bar. Como se agradece la cálida temperatura del Collado 58. Después de matar el aburrimiento jugando a cartas, nos dirigimos a comer a un restaurante. Un menú por 8 euros que no está nada mal. En Soria cocinan realmente bien, no tengo ninguna queja sobre los platos que nos han ofrecido en el albergue y en los restaurantes.
Tres de la tarde, hora de despedirnos. De camino a casa, miro con nostalgia los paisajes bañados de oro blanco que seguramente muchos tardaremos en volver a ver. Después de una paradita en Zaragoza, la hora del concurso. Divertido y distraído concurso. Cada uno anima a los de su clase para, de alguna manera ser, uno de los ganadores. Muchas risas. Por fin tenemos un ganador, ¡Ricard Rahuet! Echando una ojeada a su premio, el libro de fotografía Campos de Castilla y otros universos machadianos de César Sanz, me he dado cuenta de lo poco que apreciamos la belleza de la naturaleza. Las fotografías son magníficas y el paisaje es increíblemente precioso. Las fotografías de César transmiten una gran paz interior, al verlas se te ponen los pelos de punta: es el asombro ante tanta belleza. Hago balance de estos días en el autobús: con lo que me quedo del viaje son con los paisajes y, sobre todo, con la visita al Instituto Antonio Machado. Me encantó esa aula donde había tantos escritos y fotografías del poeta en las paredes. Fue como un viaje al pasado. Me cautivó la sabiduría del director, me gustaron mucho sus palabras.
Y ya hemos llegado, los padres nos esperan impacientes y nosotros, aunque no nos guste reconocerlo, también los hemos echado un poco de menos. Y aquí se acaba todo. Ha sido un placer haber compartido esta experiencia con gente tan maravillosa. Gracias.
Maria Ripoll
Ocho de la mañana. Todos nos levantamos con prisas, corriendo a la ducha para no llegar tarde al desayuno. Muchos están recogiendo la habitación, ordenando la ropa en las maletas, otros aún están luchando contra la poderosa fuerza de abducción que hoy tienen las sábanas (ha sido una noche bastante movidita para algunos). Hoy es el último día y aún nadie se ha dado cuenta de cómo nos despide Soria, nuestra Soria, en este viaje: grandes copos de nieve cubren la tierra como si de una capa fina de seda blanca se tratase. Realmente precioso.
¡A desayunar! ¡Qué hambre tenemos todos después de esta noche larguísima! Aunque muchos, rendidos ante las fuerzas hoy sobrenaturales de nuestras queridas sábanas, renuncian al desayuno. Acabar rápido de preparar la maleta pues... ¡Soria, la ciudad, nos espera! En un principio, tendríamos que haber ido de excursión a la Laguna Negra pero por problemas climatológicos, hoy nos espera un día tranquilo en la ciudad. ¡Qué caras de ángeles tienen todos durmiendo en el autocar! ¡Cualquiera diría que ayer estos angelitos estuvieron dando guerra hasta las tantas de la noche!
¡Pero cómo nieva y qué frío! ¿Un café caliente? Porque no. Nos dirigimos, ya separados (cada uno con sus mejores amigos), en busca de un bar. Como se agradece la cálida temperatura del Collado 58. Después de matar el aburrimiento jugando a cartas, nos dirigimos a comer a un restaurante. Un menú por 8 euros que no está nada mal. En Soria cocinan realmente bien, no tengo ninguna queja sobre los platos que nos han ofrecido en el albergue y en los restaurantes.
Tres de la tarde, hora de despedirnos. De camino a casa, miro con nostalgia los paisajes bañados de oro blanco que seguramente muchos tardaremos en volver a ver. Después de una paradita en Zaragoza, la hora del concurso. Divertido y distraído concurso. Cada uno anima a los de su clase para, de alguna manera ser, uno de los ganadores. Muchas risas. Por fin tenemos un ganador, ¡Ricard Rahuet! Echando una ojeada a su premio, el libro de fotografía Campos de Castilla y otros universos machadianos de César Sanz, me he dado cuenta de lo poco que apreciamos la belleza de la naturaleza. Las fotografías son magníficas y el paisaje es increíblemente precioso. Las fotografías de César transmiten una gran paz interior, al verlas se te ponen los pelos de punta: es el asombro ante tanta belleza. Hago balance de estos días en el autobús: con lo que me quedo del viaje son con los paisajes y, sobre todo, con la visita al Instituto Antonio Machado. Me encantó esa aula donde había tantos escritos y fotografías del poeta en las paredes. Fue como un viaje al pasado. Me cautivó la sabiduría del director, me gustaron mucho sus palabras.
Y ya hemos llegado, los padres nos esperan impacientes y nosotros, aunque no nos guste reconocerlo, también los hemos echado un poco de menos. Y aquí se acaba todo. Ha sido un placer haber compartido esta experiencia con gente tan maravillosa. Gracias.
Maria Ripoll
Suscribirse a:
Entradas (Atom)